
Poder acompañar a mi querido y admirado Máximo Huerta en la presentación de su nueva y estupenda novela Mamá está dormida ha sido un regalo. ¡Y qué alegría ver abarrotada la sala del Ámbito Cultural de El Corte Inglés arropando a Max! Porque, además de ser uno de los mejores escritores que tenemos en la actualidad, irradia esa luz de las buenas personas que se merecen todo el éxito y el cariño que reciben.
Como dije en la presentación, Mamá está dormida es una novela conmovedora y sincera que, desde la ficción, dibuja la realidad de quienes están al cuidado de una persona con Alzheimer; en este caso, un hijo cuidando a una madre.
La historia es de las que calan hondo porque habla de envejecer, de cuidar, de emocionarse y de hacer frente a una realidad para la que nadie nos prepara y que hace saltar una y varias vidas por los aires. Y es que hay tantos daños colaterales en el hecho de hacerse mayor como en el de asumir la responsabilidad de cuidar a quien envejece.
Todo está narrado de una forma cuidada y, al mismo tiempo, directa al corazón del lector. A veces, desde el cariño, otras, desde la nostalgia; también desde la impotencia o el dolor. Pero la novela es mucho más que eso. Es, además, el retrato de una España lejana y cercana, al mismo tiempo, dibujada en torno a la figura de la mujer y su papel impuesto en la sociedad. Y también una road movie literaria que cruza media España en autocaravana para tratar de desentrañar un secreto del pasado que, curiosamente, es la demencia quien lo saca a la luz.