Un tesoro imprescindible del patrimonio romano, que ha inspirado un thriller rural en la España vaciada

Fotografía tomada de la web palenciaturismo.es

Si has leído mi novela Tres ovejas, ya habrás descubierto los secretos de La Olmeda, la vieja granja familiar a la que regresa Elisa, la protagonista, después de décadas de ausencia. ¿Pero sabías que La Olmeda de la ficción toma su nombre de una villa agrícola romana de hace más de veinte siglos? Sigue leyendo, que aquí te lo cuento.

La impresionante villa romana de La Olmeda está situada en Pedrosa de la Vega, a unos 60 kilómetros al norte de Palencia, y es uno de los grandes referentes del patrimonio arqueológico de nuestro país. Fue descubierta en 1968 y, desde 1996, ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural. Desde su descubrimiento, se continúa excavando en el yacimiento, que sigue escondiendo secretos de su pasado.

La gran mansión de época romana se habría construido entre los siglos I o II D.C., aunque han aparecido construcciones fechadas en el siglo IV. El espacio es una gran villa romana de dimensiones palaciegas que posee múltiples estancias que permiten imaginar cómo era la cómoda vida del dueño de esta explotación agrícola, donde el gusto y la formación aristocrática del señor están claramente reflejados. 

La Olmeda, una granja del siglo XX, escenario de un thriller rural

Tres ovejas es un thriller rural asfixiante en medio del páramo castellano. Una historia que habla de los secretos que esconden todas las familias y de las sombras del pasado que nunca nos dejan tranquilos. Un pueblo pequeño. Una granja aislada. Un cadáver. Y el miedo latiendo en cada piedra…

Tras una ausencia de cuarenta años, Elisa regresa a La Olmeda, el caserón familiar donde pasaba los veranos de su infancia. Al principio, nadie le prestará atención. Hasta que el cuerpo de un hombre aparece flotando en el agua de una alberca y la Guardia Civil acude a investigar su muerte.

Allí se reencontrará con su tío Fausto, acostumbrado a que todos le teman y le obedezcan. Especialmente su hermana Adela, que sería capaz de cualquier cosa por proteger a su hija. Pero nadie sabe si a Jimena eso le importa; porque un día, hace ya mucho tiempo, dejó de hablar. Y así sigue: guardando silencio y observando a todos como si fueran perfectos desconocidos.

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