
Vuelvo a casa feliz después de presentar en Manchones El vals de la novia ausente. Ha sido un disfrute compartir esta mañana de sábado con los vecinos que se han acercado a descubrir la novela y acompañar a su protagonista, Merceditas Ibor, en un paseo literario por la Zaragoza de principios del siglo XX.
Hemos hablado de la ciudad de aquella época, de la Casa Solans, de la fábrica de galletas Patria, del Teatro Pignatelli…, pero también de cuplés, de cómo se documenta una novela o de cómo un personaje se describe a sí mismo a través de su forma de hablar o de comportarse.
Además, ha sido una alegría sentir el cariño y la acogida de los asistentes, algunos de los cuales me arroparon también, hace unos años, en la presentación de Tango para una asesina, coincidiendo con la entrada en funcionamiento de su biblioteca. Hoy he tenido la suerte de volver a visitarla y ha sido muy bonito ver cómo han crecido sus usuarios y su fondo de libros, que se nutre íntegramente de donaciones.
Y para rematar la mañana he podido disfrutar de una visita a este pueblo zaragozano de la comarca del Campo de Daroca, con Jesús Bernal como guía de excepción, y me he traído un recuerdo gastronómico con miel, vino y madalenas de la zona. ¡Gracias a todos!









